Preservar la voz y el rostro humanos
Nuestros rostros y voces, creados por Dios a su imagen y semejanza como un reflejo del amor divino, son únicos, insustituibles e inimitables.
En un mundo en el que la tecnología digital nos sumerge en una multidimensionalidad donde cada vez es más difícil distinguir la realidad de la ficción, preservar los rostros y las voces humanas significa conservar el sello y el reflejo indeleble del amor de Dios. Significa, en última instancia, cuidarnos a nosotros mismos.
Ante el desafío que supone el avance de la Inteligencia Artificial, cuando se falla en su cuidado, el papa León XIV aboga por guiarla y fundamentarla en tres pilares: responsabilidad, cooperación y educación crítica.
Necesitamos que el rostro y la voz vuelvan a expresar a la persona. Necesitamos custodiar el don de la comunicación como la verdad más profunda del hombre, hacia la cual orientar toda innovación tecnológica.