Del 13 al 20 de octubre, la comunidad de Concepción (Tucumán) recibió con alegría la visita pastoral de la Madre General, Loreto Navarrete, y de su consejera, María Isabel Sánchez.
Bajo el lema «Él me mira y me salva… de la mano de mis hermanos», esta visita fue un momento de fraternidad y encuentro, tanto con la comunidad como con los laicos que comparten nuestro carisma, las personas que trabajan con nosotras, los beneficiarios de nuestras obras, exalumnos, padres de nuestras hermanas nativas de la ciudad de Concepción y otras personas cercanas a nuestra misión.
La Madre General y su consejera pudieron encontrarse con todas estas personas: se desplazaron para visitar a algunas y otras se acercaron a nuestra casa para compartir este momento de fraternidad.
Durante la visita tuvimos dos encuentros en los que profundizamos el contenido del lema. Al finalizar el segundo encuentro, la Madre General dio lectura al acta de visita y, posteriormente, confiamos la vida de nuestra comunidad al Señor en un momento especial de oración.
En la capilla, alrededor de tres signos —una vela, la reliquia de nuestra Madre Fundadora y la Biblia—, vivimos una oración de agradecimiento al Señor por tantos beneficios recibidos en nuestras vidas. Durante este momento manifestamos también nuestro amor a la Madre Fundadora, besando por turnos su reliquia, que la Madre General nos iba acercando.
Dimos gracias al Señor por todas las personas que han sido un gran apoyo en nuestro camino: la familia, la Congregación, los educadores, formadores, acompañantes, amigos y parientes benefactores. Como los cuatro amigos del paralítico del Evangelio de san Marcos (cf. Mc 2, 1-12), ellos nos han amado, escuchado y acompañado hasta hoy, ayudándonos a caminar hacia Jesús para que Él nos libere de nuestras parálisis y nos sane.
En medio de la oración, todas las hermanas de la comunidad realizamos una dinámica muy significativa: tejimos simbólicamente, entre todas, el lecho de un «paralítico». La Madre General nos había invitado a hacerlo pensando en una persona a quien quisiéramos llevar especialmente en nuestras oraciones.
De esta manera, hemos realizado una peregrinación interior que comenzó el 13 de octubre, día en que acogimos a la Madre General y a su consejera.
Siendo la última comunidad de Argentina en recibir esta visita, damos gracias al Señor por la fuerza que nos transmite a través de nuestras hermanas del Gobierno General, por los momentos de fraternidad que hemos disfrutado y por todas las gracias y bendiciones que su misericordia quiera conceder a nuestra comunidad.
Que la Virgen de la Consolación y Santa María Rosa Molas bendigan a toda la Provincia de Los Andes y a nuestra Congregación.