Del 24 al 30 de octubre, nuestra comunidad y el Colegio Nuestra Señora de la Consolación de Villa Santa Rosa recibieron la visita pastoral de M. Loreto Navarrete, Superiora General, acompañada por su Vicaria, Hna. Maribel Sánchez. Fueron días de encuentro, escucha, diálogo y fraternidad, vividos bajo el lema: “Él me mira, me salva… de la mano de mis hermanos”.
Durante una semana, nuestra comunidad religiosa y educativa tuvo la alegría de recibir a M. Loreto Navarrete, Superiora General de la Congregación de Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación, acompañada por su Vicaria, Hna. Maribel Sánchez.
Su presencia fue una oportunidad para encontrarnos, compartir la vida y acercarnos desde distintos lugares a la realidad de nuestra comunidad y de la misión que llevamos adelante en Villa Santa Rosa.
Una comunidad educativa que se deja conocer
A lo largo de estos días, M. Loreto y la Hna. Maribel pudieron encontrarse con directivos, docentes, alumnos y familias del Colegio Nuestra Señora de la Consolación. Cada encuentro permitió conocer de cerca a quienes forman parte de esta comunidad educativa y acercarse a la realidad de las familias del Departamento 25 de Mayo.
La música, el arte y la pastoral también tuvieron su lugar. De la mano de los estudiantes, se hicieron presentes en distintos momentos de la visita, expresando la riqueza, la creatividad y la vida que se despliega cotidianamente en nuestro colegio.
Más allá de las actividades, fueron especialmente valiosos los gestos sencillos de cercanía, las conversaciones, los saludos y la posibilidad de compartir la vida cotidiana. Porque también en esos pequeños encuentros se construye la comunión.
Compartir la misión con la Iglesia local
La visita incluyó también la participación en la celebración de la Eucaristía junto a la comunidad parroquial, donde M. Loreto pudo encontrarse y compartir con algunos miembros de la comunidad cristiana.
Otro momento significativo fue el encuentro con Mons. Jorge Lozano, Arzobispo de San Juan de Cuyo. En un diálogo cercano y fraterno, Mons. Lozano agradeció la presencia de M. Loreto y de la Hna. Maribel, así como la presencia de las Hermanas de la Consolación en San Juan.
También destacó y valoró la labor educativa que el Colegio Nuestra Señora de la Consolación desarrolla en el Departamento 25 de Mayo, como servicio a las familias y a toda la comunidad.
Una visita vivida en comunidad
Para las Hermanas de nuestra comunidad, estos días fueron también un tiempo de oración, diálogo, fraternidad y comunión. La visita permitió compartir nuestra realidad, nuestras búsquedas, desafíos y esperanzas, sintiéndonos acompañadas por la Congregación y fortalecidas en nuestra misión.
El lema que acompañó estos días —“Él me mira, me salva… de la mano de mis hermanos”— fue tomando rostro en cada encuentro: en las hermanas, en los docentes, en los estudiantes, en las familias, en la comunidad parroquial y en tantas personas que forman parte de esta misión compartida.
Una cercanía que alcanza también a las familias
La visita pastoral permitió también a M. Loreto y a la Hna. Maribel acercarse a las familias de las hermanas sanjuaninas. Estos encuentros, sencillos y cercanos, fueron una oportunidad para conocer y compartir con quienes forman parte de la historia personal y familiar de nuestras hermanas, estrechando también esos vínculos que hacen de la Congregación una verdadera familia.
En cada visita se hizo presente una vez más el deseo de caminar juntos, reconociendo que la misión de las hermanas se sostiene también en tantas personas que, desde sus familias y comunidades, acompañan y hacen posible este camino.
Caminamos como Familia Consolación
Al concluir esta visita pastoral, queda sobre todo un profundo agradecimiento.
Gracias, M. Loreto y Hna. Maribel, por su presencia cercana, por la escucha, por cada encuentro y por ayudarnos a experimentar, una vez más, que no caminamos solas.
Estos días nos han permitido renovar los lazos de comunión y cercanía con toda la Congregación y con la Familia Consolación, reconociéndonos parte de una misma historia y de una misión que seguimos construyendo juntos.
Nos queda el desafío y la esperanza de continuar caminando “de la mano de nuestros hermanos”, dejándonos mirar y transformar por Aquel que nos llama a seguir siendo presencia de consolación allí donde estamos.