La Consolación nace ahí: donde Dios se abaja para levantar,
donde Dios se hace niño para enseñar a amar.
Santa María Rosa Molas encarna esta misma lógica.
La Navidad es el misterio de un Dios que no iluminó desde lejos, sino desde dentro: dentro de nuestra historia, dentro de nuestra fragilidad, dentro de nuestras noches.
Belén no es solo un lugar. Es un corazón donde la Luz s4ehace pequeña, humilde y cercana. Allí, dios se abaja para levantar, se hace Niño para enseñarnos a amar.
En ese mismo corazón nace la Consolación: donde el amor se vuelve gesto, donde la ternura se hace misión.
Santa María Rosa Molas vivió y encarnó esta lógica del Evangelio, custodiando el misterio de un Dios cercano y ofreciéndolo con misericordia a los más heridos.
Hoy, como Familia de la Consolación, recibimos la Luz del Niño y lo dejamos pasar por nuestras manos y nuestros corazones, para sembrarla allí donde la vida duele3, donde la esperanza parece apagarse. Que esta Navidad nos renueve en la certeza de nuestra vocación:
Consolar es llevar la luz de Dios al que más lo necesita.