Contemplemos al Príncipe de la Paz, al Dios hecho niño, cuidado con ternura por María y José. Que ellos nos enseñen la fuerza transformadora del amor, fuente de alegría y serenidad.
Que ellos nos enseñen a dirigir la mirada a lo pequeño, a lo frágil, a lo débil...para dejarnos conmover y movilizar.