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La Familia Consolación celebra los 150 años de la Pascua de María Rosa Molas

Lunes, 15 Junio 2026

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La Casa Madre de las Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación, en Tortosa, acogió el pasado 14 de junio la celebración del 150 aniversario de la Pascua definitiva de santa María Rosa Molas, fundadora de la Congregación. La Eucaristía, presidida por el obispo de Tortosa, Mons. Sergi Gordo, reunió a hermanas, laicos, sacerdotes y autoridades en una jornada de acción de gracias que puso de relieve la vigencia del carisma de la Consolación y su presencia evangelizadora en los cuatro continentes.

La iglesia de la Casa Madre de las Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación acogió una emotiva celebración con motivo del 150 aniversario de la Pascua definitiva de santa María Rosa Molas. En el lugar donde nació el carisma que hoy sigue iluminando la vida de la Iglesia y del mundo, hermanas, sacerdotes, laicos, jóvenes y amigos de la Familia Consolación se reunieron para agradecer el legado de la fundadora y renovar su compromiso de ser consolación en medio del mundo.

La Eucaristía, celebrada a las 12:00 h., fue presidida por el obispo de Tortosa, Mons. Sergi Gordo, acompañado por varios sacerdotes de la diócesis vinculados al Instituto. Participaron la hermana Loreto Navarrete, superiora general de la Congregación, junto con las hermanas de su gobierno general, las superioras de las distintas demarcaciones, religiosas procedentes de los cuatro continentes donde está presente la Consolación y un gran número de laicos y laicas de la Familia Consolación. También estuvieron presentes diversas autoridades de la sociedad tortosina, ciudad estrechamente unida a la historia de la Congregación desde sus orígenes.

La celebración se inició recordando que la Casa Madre es el lugar donde nació un carisma que, 150 años después de la muerte de María Rosa Molas, continúa vivo y fecundo en la Iglesia. En el marco del Año Carismático, la asamblea quiso vivir esta conmemoración como un tiempo de memoria agradecida, renovación y compromiso con la misión recibida.

Uno de los momentos más significativos tuvo lugar durante la procesión de entrada. Hermanas de diferentes países portaron velas encendidas en representación de cada uno de los lugares donde la Congregación está presente. Este gesto simbolizó la luz que el Espíritu encendió en María Rosa Molas y que hoy continúa brillando en comunidades, obras y proyectos extendidos por todo el mundo, haciendo visible la comunión de una familia carismática que supera fronteras, culturas y lenguas.

 

En su homilía, Mons. Sergi Gordo destacó la llamada a vivir el lema «Consolados para consolar». Recordó que santa María Rosa Molas pudo ser auténtica consolación para los demás porque antes experimentó personalmente el amor y el consuelo de Dios. «También nosotros estamos llamados a ser consolación, pero hemos de hacerlo desde nuestra propia experiencia de que Dios nos ha consolado», afirmó.

Asimismo, invitó a promover una auténtica cultura del encuentro, recogiendo la llamada realizada recientemente por el papa León XIV a favorecer espacios de acogida, diálogo y fraternidad. Frente al desencuentro y la exclusión, animó a construir puentes y generar oportunidades de encuentro que hagan visible el Evangelio en la sociedad actual.

El ofertorio expresó de manera simbólica el pasado, el presente y el futuro del carisma de la Consolación. Una lámpara de barro recordó la vida entregada de santa María Rosa Molas y de tantas hermanas y personas que, a lo largo de la historia, han mantenido encendida la llama de la Consolación. Sobre un mapamundi se fueron colocando las distintas realidades humanas y apostólicas en las que hoy está presente la Congregación: niños, jóvenes, ancianos, enfermos, personas desplazadas y migrantes, mujeres, personas privadas de libertad y tantos otros rostros que reclaman cercanía, escucha y esperanza.

También se presentaron las huellas depositadas durante este Año Carismático junto al sepulcro de la Madre, signo de los compromisos asumidos por quienes desean continuar construyendo el futuro desde el espíritu y la misión de María Rosa Molas. Finalmente, el pan y el vino expresaron la ofrenda de toda la Familia Consolación, llamada a partir y entregar la propia vida al servicio de los demás.

La celebración concluyó con una sentida acción de gracias por la vida y el legado de santa María Rosa Molas, así como por tantas hermanas y laicos que, durante estos 150 años, han mantenido viva la llama de la Consolación llevando la ternura de Dios allí donde existe sufrimiento, necesidad o soledad. De manera especial, se destacó la comunión de toda la Familia Consolación, unida desde los cuatro continentes en una misma misión y un mismo carisma.

La oración final recordó también a los pueblos que hoy padecen la guerra, la violencia y la injusticia, renovando el compromiso de trabajar por la paz y la fraternidad. Como signo de este envío misionero, los participantes encendieron sus velas mientras resonaba el himno del Año Carismático, expresando el deseo de salir al encuentro de los demás con el corazón encendido.

Al término de la Eucaristía, Mons. Sergi Gordo bendijo una placa conmemorativa instalada en el claustro de la Casa Madre, recuerdo permanente de este 150 aniversario de la Pascua definitiva de santa María Rosa Molas. Posteriormente, hermanas, laicos, sacerdotes e invitados compartieron un ágape fraterno en el patio de la Casa Madre, prolongando en un ambiente de alegría, encuentro y fraternidad la acción de gracias vivida durante la celebración.

De este modo, la Familia Consolación renovó su compromiso de seguir siendo luz, esperanza y consuelo en el mundo, continuando la misión que santa María Rosa Molas inició en Tortosa y que hoy sigue viva en los cuatro continentes, llevando el Evangelio a través de gestos sencillos de cercanía, servicio y amor.

FOTOS | EUCARISTÍA Y BENDICIÓN DE LA PLACA CONMEMORATIVA DEL AÑO CARISMÁTICO · 14 DE JUNIO DE 2026

 

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