Las hermanas de la Casa Generalicia participan en la celebración de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, que tiene lugar en el Vaticano, junto a religiosas y religiosos de diversos carismas procedentes de todo el mundo.
Durante la Eucaristía, el Papa León XIV centra su homilía en la fiesta de la Presentación del Señor y recuerda que Cristo es la luz que revela el rostro de Dios y no abandona a la humanidad en sus oscuridades. En este contexto, subraya que la vida consagrada está llamada a hacer visible esa luz, siendo signo de esperanza allí donde hay sufrimiento, soledad o fragilidad.
El Santo Padre anima también a las personas consagradas a permanecer con fidelidad en medio de las dificultades, siguiendo el ejemplo de Simeón y Ana, que saben esperar y servir con confianza. Esta permanencia —señala— se traduce en una presencia cercana, humilde y constante, capaz de ofrecer consuelo, servicio y acompañamiento en la vida cotidiana de las personas y de las comunidades.
La celebración se vive como un momento de acción de gracias y renovación vocacional. Las hermanas participan con gratitud y alegría, reafirmando su compromiso de vivir la consagración como presencia de luz, esperanza y consuelo al servicio de la Iglesia y del mundo.