El miércoles 17 de septiembre, M. Loreto, Superiora General, y M. Maribel llegaron a nuestra comunidad y obra apostólica del Cottolengo, (Río Cuarto, Argentina), donde fueron recibidas con mucha alegría por los residentes, que las esperaban para darles la bienvenida.
Desde su llegada, estos días de visita se fueron desarrollando en un clima de fraternidad, cercanía y escucha. Los encuentros comunitarios permitieron compartir la vida, la misión y los desafíos cotidianos, en un ambiente de respeto y de escucha atenta y cariñosa.
Celebrar la vida y la alegría compartida
El domingo vivimos una hermosa fiesta de bienvenida para las Hermanas, que coincidió también con la celebración de la llegada de la primavera. Fue una tarde especialmente significativa, en la que participaron los residentes, el personal, madrinas y padrinos, el equipo de Pastoral y Liturgia y la Comisión Amigos del Cottolengo.
La música, la danza y el arte fueron protagonistas. Disfrutamos de la participación de grupos de danzas folclóricas, de español y de tango, y, como no podía ser de otro modo, de las presentaciones artísticas de nuestros propios residentes, que compartieron diferentes números preparados con entusiasmo y dedicación.
Fue una hermosa tarde de encuentro, alegría, baile y música, pero, sobre todo, de mucho cariño y fraternidad. Una celebración que expresó, a través de gestos sencillos, la riqueza de una comunidad que se construye en el compartir y en el cuidado de la vida.
Un encuentro con quienes sostienen cada día la misión
Otro momento especialmente significativo fue el encuentro de M. Loreto y M. Maribel con todo el personal del Cottolengo y la comunidad religiosa.
El encuentro comenzó con una danza vivida como oración, disponiendo el corazón para este momento de escucha y comunión. A continuación, se compartieron unas palabras enmarcando la visita pastoral y expresando el agradecimiento al personal por su labor, su compromiso, su entrega y el cariño con que acompañan cada día a los residentes.
Cada participante tuvo también la posibilidad de expresar su sentir, sus inquietudes, su mirada sobre la realidad de la obra y sus deseos y proyecciones para el futuro. Fue un espacio rico y fraterno, en el que pudieron ponerse en común experiencias, búsquedas y sueños que ayudan a seguir caminando juntos en la misión.
El encuentro concluyó con un almuerzo a la canasta, prolongando en la mesa la alegría del compartir y la fraternidad vivida durante la jornada.
«Hija, por ti vengo»
Al finalizar estos días de visita, la comunidad del Cottolengo expresa su profundo agradecimiento por la cercanía, la acogida, el respeto y el cariño manifestados hacia los residentes, las Hermanas, el personal y todos los amigos de esta casa.
Son días que quedan como una experiencia de fraternidad y como una oportunidad para reconocer, una vez más, la presencia de Dios que se hace camino en nuestra historia y en nuestra misión.
Con especial emoción, la comunidad agradece también el paso de la Madre Fundadora por esta obra, haciendo memoria de aquellas palabras que siguen resonando en el corazón de nuestra misión: «Hija, por ti vengo».
Que el Señor siga bendiciendo a M. Loreto y M. Maribel en estos días de visita por nuestra Provincia, y que las anime y fortalezca en el servicio que la Congregación les ha confiado.