El domingo 4 de octubre, las Hermanas de las comunidades de la Provincia María Rosa Molas participaron en el webinar «Volver a Jesús y Volver a la Palabra», organizado por el Equipo de Formación de la Provincia y acompañado por la Hna. Marta García, nsc, de la Provincia de Europa.
El encuentro fue una invitación a regresar a lo esencial: Jesús y la Palabra como fuente de vida, de sanación y de renovación de nuestras relaciones. Desde el comienzo de la reflexión se puso de manifiesto una convicción fundamental: sin relación nos morimos como personas. Cuidar a las personas no puede reducirse a atender necesidades o sostener obras; estamos llamadas a recuperar un modo de relacionarnos que permita que la vida vuelva a desplegarse.
Volver a Jesús para recuperar un nuevo modo de relacionarnos
Jesús introduce un estilo nuevo de relación. Por eso, volver a Él significa también revisar cómo estamos con Dios, con las hermanas y con las personas a las que acompañamos. La reflexión invitó a reconocer el riesgo de caer en un asistencialismo que atiende necesidades, pero puede olvidar el vínculo y la persona.
En este sentido, se recordó que muchas veces lo que permanece en la memoria de quienes han compartido la vida con nosotros no son tanto las obras realizadas, sino la manera en que nos hemos relacionado con ellos.
La invitación fue a crear verdaderos ecosistemas de sororidad, espacios donde la escucha, la presencia, el cuidado y la comunión permitan sostener la vida. También surgió una pregunta provocadora: ¿hemos preferido sostener las obras o sostener la vida? Y otra, especialmente significativa para la vida religiosa: ¿a quién hemos dejado de estar presentes porque estábamos demasiado centradas en la gestión y la eficacia?
Volver a la Palabra es volver al origen
La Palabra no fue presentada simplemente como un texto que debemos conocer, sino como una voz que queremos escuchar y que nos permite encontrarnos con Aquel que sigue hablando a nuestra vida.
Volver a Jesús y volver a la Palabra supone, así, volver al origen y reencontrarnos con aquello que da sentido a nuestra vocación desde nuestro ADN carismático. La experiencia de Dios no nos encierra en nosotros mismos, sino que nos envía hacia los demás. Quien bebe de la fuente puede convertirse también en fuente para otros.
Desde esta perspectiva, consolar es devolver el aliento, hacer que la vida vuelva. Consolar implica acercarse, escuchar, cuidar, animar y ayudar a que la persona recupere su vida y su dignidad.
Un carisma que nace de la relación
La reflexión permitió redescubrir también la profunda dimensión relacional del carisma de Santa María Rosa Molas. Desde sus orígenes, la misión de la Consolación está vinculada a cuidar la vida y a reconocer el rostro concreto de cada persona.
La invitación fue a no perder nunca la presencia de Dios ni la presencia del hermano. En un mundo marcado por la soledad, también dentro de la vida religiosa, se nos pide ser mujeres capaces de habitar la realidad, acercarnos a quienes viven situaciones de abandono y crear espacios donde las personas puedan sentirse acogidas y acompañadas.
En este camino, la mujer que derramó el perfume ante Jesús se convirtió en una imagen especialmente significativa. Ella no actúa movida por una urgencia ni para resolver una necesidad inmediata. Responde desde el exceso del amor. Su gesto crea un espacio de encuentro y de entrega.
También hoy estamos llamadas a ser «mujeres del alba», mujeres capaces de sostener la esperanza, permanecer junto a la promesa y abrir caminos de vida allí donde parece faltar.
El webinar concluyó como una invitación a volver a lo esencial: volver a Jesús y volver a la Palabra para recuperar la vida, sanar nuestras relaciones y seguir creando espacios de comunión, sororidad y Consolación.